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El humor gráfico y la Guerra Civil. Índice


Represión y violencia en la retaguardia republicana


- ¡Eh! ¿Hay alguien aquí contra su voluntad? / Martí Bas. L'Esquella de la Torratxa, 28/5/1937

La primera mitad del siglo XX es un periodo de una gran agitación social, con reivindicaciones laborales cada vez más radicales y violentas. Aparece el pistolerismo, inicialmente promovido por los patronos para descabezar a los líderes obreros, un pistolerismo al cual responden también de forma violenta los sindicatos.

Cuando los militares se sublevan en 1936, esta violencia se dispara; la sublevación y el inicio de la guerra son como un pistoletazo de salida para la gran barbarie, para la limpieza social que quieren llevar a cabo unos y otros. Para los extremistas de uno y otro bando, la vida (la de "los otros"), ya no tiene ningún valor.

Hay, no obstante, una diferencia: los militares sublevados tienen clara esta labor de limpieza social que quieren llevar a cabo, la tienen perfectamente diseñada desde el primer momento. En cambio, en la zona republicana, esta violencia es en gran medida el resultado de la incapacidad del Gobierno de controlar a los extremistas, unos extremistas de los que antes se ha tenido que servir para poder frenar a los sublevados, y que, por ello, además de estar armados, se sienten empoderados y legitimados para imponer sus condiciones.

Además, tras la liberación de presos en las ciudades en las que se sofocó el alzamiento militar, no salieron a la calle solo presos políticos, sino también presos comunes, parte de los cuales aprovecharon la situación de descontrol, no para contribuir a la defensa de los intereses de la República, sino para armarse y dedicarse por su cuenta a actividades delictivas (robos, extorsiones, asesinatos...). Dado que estas personas solían afiliarse a sindicatos anarquistas o comunistas, no era siempre fácil identificar qué actos eran resultado de decisiones del sindicato, o de aquellos incontrolados.

Por otro lado, al estar en la zona republicana parte del poder en manos de distintos sindicatos y partidos políticos, y a causa de los desacuerdos entre ellos, se da otro tipo de violencia: los anarquistas y los comunistas se enfrentan entre ellos. Las prioridades de unos y otros eran distintas: los anarquistas, hacer primero la revolución; los comunistas, unificar las fuerzas, crear un ejército operativo y vencer a los sublevados.

La referencia en 1936 del general sublevado Emilio Mola, en una alocución radiofónica, a la existencia de una "Quinta Columna" dentro de Madrid, que facilitaría la toma de la capital por las columnas que se dirigían a ella, aumentó todavía más las sospechas de posibles simpatizantes del golpe de Estado, "quintacolumnistas", que trabajaban clandestinamente para facilitar la toma de la ciudad por parte de los rebeldes. Fue otro elemento que, a causa de la incertidumbre ante eventuales colaboracionistas (el miedo acrecentaba las sospechas, fueran fundadas o no), contribuyó al aumento de la represión. A partir de entonces, el término quintacolumnista se generalizó también en las otras ciudades bajo control republicano.


Aníbal Tejada. ABC (edición de Madrid), 28/9/1937


Robledano. La Traca, 26/1/1938

El resultado de los distintos factores expuestos era que los 'paseos' y las 'desapariciones', dos eufemismos para referirse a los asesinatos (fueran los asesinados miembros de un sindicato contrario, o sacerdotes, o "burgueses", o reales o presuntos quintacolumnistas...), lamentablemente, sobre todo los primeros meses de la guerra, estaban a la orden del día.

Este abanico de distintas violencias en la retaguardia republicana debilitó sus posibilidades de vencer a los sublevados. En primer lugar, porque milicianos (y armas) que debían estar en el frente, estaban en la retaguardia, peleándose entre ellos. Y, en segundo lugar, porque aquella violencia perjudicó mucho la credibilidad del Frente Popular (y de la República), como alternativa política.

Una de las consecuencias de aquella violencia y falta de control por parte del Gobierno republicano fue que llevo al desencanto a muchas personas, e hizo que, una parte importante de la población, inicialmente indecisa, se inclinara entonces a favor de los sublevados.

Información relacionada: Violencia antirreligiosa; el asesinato de sacerdotes, monjas y otros creyentes.


ZONA ROJA
- Para su gordura, lo que más le conviene es pasear.
- ¿A quién?
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Tono. '100 Tonerías' (publicado en la zona sublevada)


EN MADRID
-¿Y qué hizo?
-Murió de muerte natural.
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Tono. La Ametralladora, 10/4/1938


Tono. La Ametralladora, 27/3/1938


- ¿A ti las apariciones te dan miedo?
- Me dan más miedo las desapariciones.
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L'Esquella de la Torratxa, 8/5/1937


LAS DESAPARICIONES MISTERIOSAS
- Y el Orden Público, ¿dónde está?
- ¡También ha desaparecido!
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Goñi. L'Esquella de la Torratxa, 28/5/1937


- ¿Y el general? ¿Dónde está?
- Lo habrán llevado a pasear.
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Kalders. L'Esquella de la Torratxa, 14/5/1937


-¿Irá a pasear las criaturas, hoy?
-¡Pero! ¿Por quién me ha tomado?
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Alloza. L'Esquella de la Torratxa, 30/4/1937


-Ha muerto de un tiro en el cerebro.
-Ya es extraño. Con lo que costaba hacerle entrar algo en la cabeza...
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Passarell. Gràcia-Rambles, 17/3/1934


- Regresaré al frente. Al menos, allí hay tranquilidad.
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L'Esquella de la Torratxa, 8/5/1937


Bagaría. La Vanguardia, 30/1/1937

Las anteriores viñetas se refieren todas a la retaguardia republicana, y excepto las de Tono, todas se publicaron en revistas o periódicos republicanos.

 

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