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El humor gráfico y la Guerra Civil. Índice


Represión y violencia en la retaguardia de los sublevados


FALANGISTAS -Si marchamos todos al frente, ¿quién "depurará" la patria? (Goñi. L'Esquella de la Torratxa, 19/7/1938)

Tal como hemos expuesto en la página Represión y violencia en la retaguardia republicana, la primera mitad del siglo XX, y en concreto a partir de la proclamación de la República, es un periodo de gran agitación social, con enfrentamientos entre obreros y patronos, sucesivas huelgas, y atentados entre los elementos más extremistas de los distintos bandos.

Ante esta situación, los militares sublevados tienen clara la labor de limpieza social que quieren llevar a cabo: no quieren que quede ni el más pequeño vestigio de los valores republicanos ni del poder de los sindicatos. Para ello, también están decididos a eliminar todas las personas que los defienden, las que haga falta. En esta labor de limpieza, los militares contarán con la ayuda de los falangistas, que se dedicarán a ella, en ocasiones, con un ensañamiento y crueldad extremos.

Políticos, miembros de ateneos, maestros, masones... cualquier simpatizante de la causa republicana era candidato a una ejecución sumaria, aunque no hubiera cometido el más mínimo acto de violencia. Las personas eran fusiladas solo por pensar lo que pensaban; los 'paseos' y las 'desapariciones' eran habituales. Las fosas comunes de la guerra, las exhumadas y las todavía pendientes de exhumar, son un testimonio de ello.

Los sublevados, con relación a los republicanos, tenían además la ventaja de que entre ellos no existían importantes enfrentamientos internos: los militares concentraron rápidamente todo el poder, tardaron poco en someter a su autoridad a la Falange y a los Tradicionalistas. De este modo, sin discrepancias, todas las fuerzas las pudieron dedicar no solo a las operaciones bélicas en el frente, sino también a la feroz represión en la retaguardia, a medida que iban ocupando nuevos territorios.

En este escenario de limpieza general en la retaguardia de los sublevados, no tenía razón de ser el miedo a una eventual "quinta columna" favorable al otro bando (tal como ocurría en la zona republicana), porque el grado de terror y de eliminación de adversarios era tan elevado, que la hacía imposible.

Al finalizar la guerra, los vencedores denunciaron de forma insistente las víctimas de la represión en la retaguardia republicana, pero al mismo tiempo silenciaron completamente la represión sistemática que, durante la guerra, y también durante la primera postguerra, ellos llevaron a cabo.

Hoy, los historiadores discrepan sobre las cifras concretas, pero hay un consenso acerca de que la represión llevada a cabo por los sublevados, además de estar totalmente planificada, provocó el doble de muertos (alrededor de 100.000, por 50.000 en la retaguardia republicana). Y el triple si se le añaden los fusilados por los vencedores durante la primera postguerra, unos 50.000.

En cuanto a las viñetas publicadas relacionadas con la represión en las retaguardias, es significativo que, mientras que la represión en la retaguardia republicana era denunciada tanto por los dibujantes de las revistas de los rebeldes, como por dibujantes de las revistas republicanas (por ejemplo, Tono -Antonio Lara- en La Ametralladora, y Kalders -Pere Calders- en l'Esquella de la Torratxa), no hay ni una sola viñeta, en las publicaciones de los sublevados, que denuncie, ni tan solo mencione, esta represión en su propia retaguardia. Era impensable: si alguien se hubiera atrevido a hacerlo, habría sido fusilado al instante.


¡VAYA BÁRBAROS!
Atila. -Está visto que yo no era más que un triste aficionado.
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Papitu, 24/12/1936

 

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