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El humor gráfico y la Guerra Civil. Índice


Anticlericalismo histórico


FRASES HECHAS N.º 2 Colgar los hábitos (Apa, Papitu, 1909)

Como excepción, a causa del tema, en esta página hemos utilizado algunas viñetas anteriores a los años de la Segunda República.

Para entender el estallido de violencia antirreligiosa que se produce cuando empieza la Guerra Civil, hay que tener en cuenta en qué contexto se produce. El anticlericalismo surge en España durante el siglo XIX, y durante los primeros años del siglo XX se expande de forma imparable y adquiere un gran protagonismo.

Al principio, el anticlericalismo, en general no era antirreligioso, sino sobre todo una reacción, por un lado, en contra del autoritarismo y de los intereses terrenales de la Iglesia y, por otro lado, en contra de la conducta personal de muchos sacerdotes, opuesta al modelo de vida cristiana que predicaban.

Las viñetas satíricas anticlericales explotaban estos temas, y difundían una imagen del clero en parte real y en parte distorsionada (a causa de la generalización). Estas imágenes, de curas lascivos, obesos y avariciosos que inundaban las revistas anticlericales, eran atractivas para un tipo de público cada vez más crítico con las actividades de la Iglesia y sus ministros, un público que consumía divertido aquellas viñetas satíricas y estereotipadas. Y era un público importante, porque eran muchas las revistas de este tipo que aparecieron, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX, algunas con grandes tiradas.

Por su parte, la Iglesia, ante estos ataques, no hizo ninguna autocrítica, al contrario, se afianzó en su conservadurismo y su cercanía al poder, con lo que las clases más desfavorecidas se sintieron cada vez más abandonadas por ella.

Sobre las conductas sexuales del clero, tal como hemos dicho, lo que irritaba era su hipocresía, más que la conducta en si. Pero aquella hipocresía adquiría una dimensión totalmente distinta, del todo inaceptable, en el caso de los abusos a menores, de los cuales hablamos al final de esta página.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que, en el siglo XX, el anticlericalismo, a diferencia del siglo XIX, entre algunos sectores de la sociedad se convierte también en antirreligioso. No cuestiona solo las posturas y los comportamientos de la Iglesia y sus representantes, sino que cuestiona ya el mismo hecho religioso: ser creyente, la existencia de iglesias, la celebración de misas... Considera que son impedimentos de cara al anhelo de una revolución social que no se puede aplazar más. No reconocen la libertad religiosa recogida en la constitución republicana. Esta es la postura de algunos anarcosindicalistas, los más extremistas, una minoría dentro del conjunto del anarquismo: se proponen erradicar todo lo relacionado con la religión, también las personas.

A partir de aquí, todo está a punto para que, en un momento dado, explote aquella caldera. Y esto es lo que ocurre al producirse la sublevación militar, su fracaso en las grandes ciudades (excepto Sevilla) y la posterior falta de control de los más exaltados en la retaguardia republicana.

Viñetas anticlericales de principios del siglo XX


Si hicierais lo que predicáis.
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Falgás, El Diluvio, 1909


El Diluvio, 3/3/1906


-¡Estos días de vigilia!... ¡No he comido más que salmón, lenguado, anchoas, la sopa de rape y las ostras correspondientes, y siento una cosa aquí! Señor, ¿qué tendré en el estómago?
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El Diluvio, 1905


Brunet. El Diluvio, 14/1/1905


La religión y los cum-quibus ('cumquibus': coloquialmente dinero)
VIVA LA RELIGIÓN
-Ya que el dinero es la mecha del pecado, cuanto más acumulemos nosotros, menos ocasiones de pecar tendrán nuestros feligreses.
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J. Pellicer Montseny. La Campana de Gracia, 1889


-¿Ustedes leyendo libros verdes?
-Es que somos vegetarianos.
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Apa. Papitu, 1909

Viñetas anticlericales de los años de la República y la guerra


Fray Lazo, 1931


Fray Lazo, 16/11/1932


La Traca, 15/8/1931


El buen pater. -¡Cuanto me gusta la vida contemplativa!
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La Traca, 5/9/1931


-¡Jesús, hermano!... ¡Alabado sea Dios!... ¡Levántese presto, que me está excitando al tercer pecado capital!
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La Traca, 21/4/1934

Durante aquellos años, las viñetas de este tipo eran habituales, publicadas por ejemplo en la revista Fray Lazo, o las de Méndez Álvarez publicadas en La Traca.

Los abusos sexuales del clero

La política histórica de la Iglesia en cuanto a la negación y ocultación de las conductas pederastas de sacerdotes no es ninguna novedad. Lo que sorprende, por decirlo de alguna manera, es que habiendo sido denunciadas desde tiempo atrás, también a través de viñetas como las que adjuntamos a continuación, no hubiera una reacción más firme y no evasiva por parte de los dirigentes de la Iglesia. Y también por parte de aquellos sacerdotes que, conociendo casos de abusos protagonizados por otros sacerdotes, no los denunciaban y, por lo tanto, se convertían así en cómplices de los pederastas. Una situación que, en conjunto, y desgraciadamente, ha cambiado poco.

El caso es que aquel era un tema que también contribuía a alimentar el anticlericalismo, y no de forma gratuita, sino bien justificada.

De todas formas, tal como ya hemos dicho en otras páginas, esta exposición no pretende justificar, en absoluto, la persecución y la violencia anticlerical que se produjo en la retaguardia republicana tras el inicio de la guerra. Solo hemos pretendido aportar una de las explicaciones de aquella violencia (una, porque había otras), en ningún caso, argumentar una justificación. De ninguna manera.


-Diga, padre. Cuando usted vaya al cielo, ¿dónde le gustará más estar?
-Donde estén los angelitos como tú.
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La Traca, 18/8/1931


-¡Eh, eh!... ¡Quietecito, padre!... No sea usted así, que luego salen los periódicos echando pestes contra ustedes...
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Méndez Álvarez, La Traca


-¿De veras, de veras que no es usted como el sátiro de Cogul?
-¡Claro que no, hijos míos!
¿Entonces a qué ese empeño en que nos vayamos con usted?
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Ala. La Traca, 28/4/1934

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Las viñetas de principios de siglo las hemos sacado de "Si los curas y los frailes supieran. Antología de caricatura anticlerical", de Jaume Capdevila (Ediciones La Tempestad, 2010)

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